Que los niños sean niños


Que los niños sean niños. Que jueguen con las cosas propias de la edad. Que se les permita fantasear libremente. Que no carguen pesos adultos.

Evitemos la adolescentización temprana. 

Que los niños sean niños. 

Que corran despreocupadamente, que su mayor problema sea el de matemáticas, que tengan el espacio para desarrollar la creatividad.

Que jueguen con lo manual, que pateen una pelota, que coman chocolate con las dos manos, que lleguen exhaustos a sus camas por la noche de tanto jugar. 

Mantengamos a los niños lejos de las pantallas, alejados de ese mundo infinito de posibilidades (tanto buenas, como malas). Retrasemos la chance de que puedan ver contenido quitainocencias. Dejemos que nuestros niños sean niños. Recordemos que los adultos necesitamos cobijar al niño que una vez fuimos, nos da esperanzas, alegría, nostalgias. 

Si nunca permitimos que nuestros niños sean niños, ¿de qué se van a alimentar esos adultos cuando la vida pese?