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mi primer libro: ahora después

No sabría exactamente por dónde empezar. Sí estoy segura de que el primer poema lo habré escrito cerca de la adolescencia, casi sin querer, fue una necesidad. Y así fueron corriendo los años, y entendí el gusto por aquello que no era solamente recrear mis pensamientos sino que también era problematizarlos al mismo tiempo que engendraba un producto estético: poesía. Será mi absoluta fascinación por leer entre líneas lo que me llevó a volcarme hacia la poesía durante tanto tiempo, algo que me resulta natural, un brevísimo pero cargado campo semántico emocional, inentendible para mí y a veces más entendible para otros. Será aquello lo que me condujo inevitablemente a acumular y acumular poemas, algunos más buenos que otros, pero todos reales y sentidos. Algunos concursos literarios de por medio y algunas conversaciones con editoriales terminaron en una decisión que explora la absoluta independencia textual y que me permite ser ejecutora de la estética en su absoluto, más allá de lo que...

Nos ayudó a pensar


El viernes murió El Indio Solari, y desde ese día -sin siquiera ser fan de él o su banda- me he detenido en el tiempo a observar el fenómeno cultural que desprende su existencia (sí, definitivamente sigue existiendo).


En la procesión de gente que salió a las calles en Argentina e, incluso, la cantidad de gente que vi de Uruguay hablar del tema, duelarlo y publicar cosas en redes, me quedaron resonando varias frases que dijeron varias personas.


“Es mi padre” fue una que se repitió muchas veces, “El Indio es esto” y se señalaba a la enorme ola de gente que fue a despedirlo, “Sus letras hablan un lenguaje diferente cada vez”, aquello recordó el verdadero significado de la poesía y, una que permeó mi fin de semana, “Nos ayudó a pensar”.


¿Hay elogio mayor para un artista? Indudablemente que saberse guía en el pensamiento de otros -y en este caso, multitudes- es la verdadera gracia del arte. El creador ejecuta su pieza, por gusto propio, pensando en el otro, en su devenir, por necesidad, por ego, son miles las posibilidades que llevan a una persona a crear. Lo verdaderamente fuerte acá es que, eso que crea, repercute en un otro -o unos miles de otros- y, en este caso, ayudando a pensar.


Ayudar a pensar significa abrir muros que parecían cerrados, empujar límites que solían ser insondables, gritar cuando la voz no alcanzaba para más. El lenguaje es abstracto cuando se usa poéticamente, entonces es realmente esa abstracción la que motiva el pensamiento. Cuando las cosas son no dichas somos nosotros los que debemos decirlas y descifrar el significado -unívoco- para el receptor.


Es ese sentimiento colectivo pero individual lo que provoca este apego por el arte y determinados artistas. Es la capacidad de sentir a través de lo no dicho aquello que la IA nunca va a poder abarcar, incluso cuando, en un acto desesperado por sus creadores, busca imitar la realidad humana y perfeccionarla. Es el mensaje subterráneo, aquello que entendemos a medias, que entendemos como queremos, que nos llega según nuestra edad y vivencias.


El viernes murió El Indio y, con él, se fue una época para muchos. Su partida es un marcador de tiempo para aquellos que rememoraron su adolescencia y juventud cantando sus canciones, para los treintañeros que en sus veintes lo fueron a ver y se despertaron del sueño de la juventud, para aquellos que fueron padres cuando salían a la luz las canciones más conocidas, para los padres novatos que le están inculcando a sus hijos la cultura ricotera.


Su muerte no es más ni menos que un antes y un después, un recordatorio de que somos finitos pero, al mismo tiempo, tenemos una inmensa capacidad de crear y, con suerte, de ayudar a otros a pensar.






Foto tomada del blog: indioskay.blogspot.com