mi primer libro: ahora después
No sabría exactamente por dónde empezar. Sí estoy segura de que el primer poema lo habré escrito cerca de la adolescencia, casi sin querer, fue una necesidad.
Y así fueron corriendo los años, y entendí el gusto por aquello que no era solamente recrear mis pensamientos sino que también era problematizarlos al mismo tiempo que engendraba un producto estético: poesía.
Será mi absoluta fascinación por leer entre líneas lo que me llevó a volcarme hacia la poesía durante tanto tiempo, algo que me resulta natural, un brevísimo pero cargado campo semántico emocional, inentendible para mí y a veces más entendible para otros. Será aquello lo que me condujo inevitablemente a acumular y acumular poemas, algunos más buenos que otros, pero todos reales y sentidos.
Algunos concursos literarios de por medio y algunas conversaciones con editoriales terminaron en una decisión que explora la absoluta independencia textual y que me permite ser ejecutora de la estética en su absoluto, más allá de lo que significa decorar con el lenguaje, la decisión de autopublicar me permitió encargarme del diseño de la portada, de darle el peso que a mi entender corresponde, de hacerlo bailar junto con las palabras que están dentro. La decisión del gramaje del papel, de la tapa dura, de cada mínimo matiz que transforma este libro, mi primer libro, en un tesoro.
Cada pieza posee pies de página donde se encuentra una breve reflexión del verso o de una palabra suelta. Fue mi labor como Profesora de Literatura lo que marcó la necesidad de exponer una posible explicación -no hermética- de la lectura. Esos pies, sin embargo, abren la puerta a la interpretación en lugar de limitarla.
Por supuesto que es un libro especial para mí como autora, pero también lo será para quienes lo tengan. La poesía habilita la apropiación de cada verso, habrá que ver cuál de ellos se acopla a un momento de tu vida.
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