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mi primer libro: ahora después

No sabría exactamente por dónde empezar. Sí estoy segura de que el primer poema lo habré escrito cerca de la adolescencia, casi sin querer, fue una necesidad. Y así fueron corriendo los años, y entendí el gusto por aquello que no era solamente recrear mis pensamientos sino que también era problematizarlos al mismo tiempo que engendraba un producto estético: poesía. Será mi absoluta fascinación por leer entre líneas lo que me llevó a volcarme hacia la poesía durante tanto tiempo, algo que me resulta natural, un brevísimo pero cargado campo semántico emocional, inentendible para mí y a veces más entendible para otros. Será aquello lo que me condujo inevitablemente a acumular y acumular poemas, algunos más buenos que otros, pero todos reales y sentidos. Algunos concursos literarios de por medio y algunas conversaciones con editoriales terminaron en una decisión que explora la absoluta independencia textual y que me permite ser ejecutora de la estética en su absoluto, más allá de lo que...

Para revivir la niñez

Para revivir la niñez hace falta visitar los lugares comunes con esa persona que ya no somos, pero que fuimos, y que vive oculta en nosotros.

Por ejemplo, mirar el carnet de vacunas, revolver los cuadernos viejos de la infancia y permitir que los recuerdos afloren, visitar lugares que solo viste cuando eras niño, buscar en Youtube introducciones de dibujos animados o programas que mirabas, pasar por enfrente (o incluso entrar) en tu antigua escuela -y para esto muchas veces alcanza con votar, ya que el voto nacional, ocasionalmente, toca en nuestras ex escuelas-, probar un dulce de la infancia, oler un perfume que usábamos de niños, permitirle a un abuelo o a un padre que nos retrate un momento vivido de cuando éramos pequeños, cantar una de las canciones que cantábamos en el coro escolar, pedir que nos lean un cuento de aquellos que fueron icónicos para nosotros, bucear en internet sobre las marcas de ropa que usábamos, o abrazar a nuestros padres con los ojos cerrados y sentir su aroma como si el tiempo no hubiera pasado.


Para revivir la niñez no hace falta mucho más que tiempo para viajar en el tiempo, y fuerza de voluntad para echarle el ojo a aquello que no volverá, salvo que lo invoquemos.