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mi primer libro: ahora después

No sabría exactamente por dónde empezar. Sí estoy segura de que el primer poema lo habré escrito cerca de la adolescencia, casi sin querer, fue una necesidad. Y así fueron corriendo los años, y entendí el gusto por aquello que no era solamente recrear mis pensamientos sino que también era problematizarlos al mismo tiempo que engendraba un producto estético: poesía. Será mi absoluta fascinación por leer entre líneas lo que me llevó a volcarme hacia la poesía durante tanto tiempo, algo que me resulta natural, un brevísimo pero cargado campo semántico emocional, inentendible para mí y a veces más entendible para otros. Será aquello lo que me condujo inevitablemente a acumular y acumular poemas, algunos más buenos que otros, pero todos reales y sentidos. Algunos concursos literarios de por medio y algunas conversaciones con editoriales terminaron en una decisión que explora la absoluta independencia textual y que me permite ser ejecutora de la estética en su absoluto, más allá de lo que...

lo que está de moda

algún día lo que está de moda será antiguo y habrá nuevas generaciones que, aquello que nos desplomamos por conseguir, dirán que está perimido, que mejor derruirlo, quitar esos azulejos y colocar nuevos, tirar esas carteras y comprar otras, cambiar esos peinados porque están pasados de moda.


querer hacer duraderas las modas y creer que ser joven y seguir las corrientes es una virtud digna de empequeñecer a aquellos que han escogido estar por fuera, no es más que un ardid de la soberbia malentendida, del creer que somos atemporales y que llevar la tendencia nos insulfa superioridad.


lejos de criticar, que esta reflexión que surgió mientras abría la puerta de mi casa hoy 7am, nos conduzca a un lugar de amor y tolerancia donde cada uno elija estar a la moda -o no- y sepamos que nadie sobrepasa a nadie en términos de apariencias ni modos de vida.


Foto de Travis Yewell, Unsplash