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mi primer libro: ahora después

No sabría exactamente por dónde empezar. Sí estoy segura de que el primer poema lo habré escrito cerca de la adolescencia, casi sin querer, fue una necesidad. Y así fueron corriendo los años, y entendí el gusto por aquello que no era solamente recrear mis pensamientos sino que también era problematizarlos al mismo tiempo que engendraba un producto estético: poesía. Será mi absoluta fascinación por leer entre líneas lo que me llevó a volcarme hacia la poesía durante tanto tiempo, algo que me resulta natural, un brevísimo pero cargado campo semántico emocional, inentendible para mí y a veces más entendible para otros. Será aquello lo que me condujo inevitablemente a acumular y acumular poemas, algunos más buenos que otros, pero todos reales y sentidos. Algunos concursos literarios de por medio y algunas conversaciones con editoriales terminaron en una decisión que explora la absoluta independencia textual y que me permite ser ejecutora de la estética en su absoluto, más allá de lo que...

las palabras que se lleva el viento

a las palabras

no se las lleva el viento

sino que las trae

las acerca

a vos


las palabras penetran

navegan y encuentran la forma

de colarse por la superficialidad

e ir más allá


las palabras no se van

ni tampoco entran por un oído

y salen por el otro


en el medio de ese viaje

se alojan en tu corazón

tu cuerpo

o tu alma


y, en el peor de los casos,

dejan grietas y huellas

difíciles de borrar


esas palabras,

muchas veces,

se transforman en gafas

con las que empezamos a ver

nuestra nueva realidad.


¿seré fea, tonta, gorda?

tengo la nariz torcida, nunca me había dado cuenta

¿no tengo voluntad? ¿estoy frustrada?


las palabras

no se las lleva el viento

y las producimos nosotros

los humanos

así que

tengamos presente

que no son inocuas

ni débiles

ni dóciles.


mejor usar palabras

que bailen con el viento

que se acerquen a tu oído

y te susurren


el amor.


Foto de ling hua en Unsplash