la soledad premeditada y la impuesta

son dos conceptos diferenciados. la soledad premeditada se busca, una sabe las ventajas y desventajas de ese estado -si se quiere- temido. pero cuando la soledad es impuesta, el peso es doble. duele el estado de solitud y aterra el no saber si volveremos a estar acompañados.

¿de qué depende? podemos llegar a preguntarnos. sin obtener una respuesta clara.

la soledad premeditada es una soledad valiente, que enseña y protege, que habita la zona de confort. este tipo de soledad acompaña en su vacío, habilitando la posibilidad de crecimiento.

la soledad impuesta suena a castigo. te vas a quedar sola, dicen algunas voces cuando nuestro comportamiento se desajusta de la sociedad. y es así que el concepto de soledad adquiere duras características asociadas al desprecio, el aislamiento.

¿siempre es así? un individuo que logra establecerse en su soledad, sin sufrir, y que también puede verse acompañado de personas, ser funcional y disfrutar esa compañía, es alguien que definiría como estable. ha logrado el equilibro y no le aterra la gente, tampoco le aterra su propia compañía.

por el contrario, una persona que no se siente en su capacidad para estar solo, está en un problema. ¿qué nos garantiza que siempre tendremos a alguien a nuestro lado?

mejor solo que mal acompañado, reza otra frase que promueve el valor de la soledad, una que es premeditada.

mi propuesta es valorar la soledad elegida, para poder transitar la soledad impuesta.