Ir al contenido principal

post destacado

mi primer libro: ahora después

No sabría exactamente por dónde empezar. Sí estoy segura de que el primer poema lo habré escrito cerca de la adolescencia, casi sin querer, fue una necesidad. Y así fueron corriendo los años, y entendí el gusto por aquello que no era solamente recrear mis pensamientos sino que también era problematizarlos al mismo tiempo que engendraba un producto estético: poesía. Será mi absoluta fascinación por leer entre líneas lo que me llevó a volcarme hacia la poesía durante tanto tiempo, algo que me resulta natural, un brevísimo pero cargado campo semántico emocional, inentendible para mí y a veces más entendible para otros. Será aquello lo que me condujo inevitablemente a acumular y acumular poemas, algunos más buenos que otros, pero todos reales y sentidos. Algunos concursos literarios de por medio y algunas conversaciones con editoriales terminaron en una decisión que explora la absoluta independencia textual y que me permite ser ejecutora de la estética en su absoluto, más allá de lo que...

Serie 1: ¿Qué es escribir?

 ¿Qué es escribir? Escribir es un acto cognitivo mediante el cual, tecleando o de forma motriz, usamos códigos para exponer lo que pensamos sobre un tema.


La escritura es nada más ni nada menos que el registro del pensamiento. Este puede ser registrado cuidando nuestro estilo, o simplemente siguiendo el fluir de la conciencia.


¿Qué diferencia a un escritor de un no escritor? El ejercicio, la paciencia, el trabajo y, finalmente, el don de la palabra.


No estoy segura de que el don de la palabra se pueda adquirir en su totalidad, pero sí estoy segura de que se puede ejercitar.


Para escribir hay que investigar, y esa investigación nace del espacio donde reflexiono y esquivo lo inmediato para atender la vida que me rodea.


Vivir es contemplar, inmersos en el Siglo XXI es un desafío poder conectar con la realidad tal cual se nos presenta. Para poder escribir es preciso poder revincularnos con nuestra realidad cotidiana.


Aquella metáfora del piloto automático es incompatible con el ejercicio del escritor. Es preciso despertar, movernos a un costado de la incesante rutina y evitar el aplastamiento del yo creativo.


No hay recetas para estar presentes, o para aprender a estarlo. Es posible, sí, aprehender nuestra realidad aceptando la soledad. Alejarnos del banal ruido es uno de los caminos. En la Era Digital donde todos estamos hiperconectados y somos negacionistas del silencio y la soledad, encontrar la valentía para enfrentarnos a ello es el camino del escritor.


Escribir es forzarse a pensar, a elaborar, escribir es ejercitar la expresión que traemos dormida. Es aquietar la inquietud. Es movilizar aquellos pensamientos fosilizados. Es recorrer los incómodos recuerdos sepultados. Es animarse a analizar y estudiar un mundo que nos rodea que puede ser agradable y desagradable a partes iguales.


Escribir es tomarse el tiempo de hacerlo. Atravesando el dolor y la autoexigencia que ello conlleva.


¿Qué es la literatura sino un arte catártica? La composición de imágenes que evocan un mundo creado y recreado que se acerca al lector, o se distancia. Somos responsables de la creación, y somos responsables de la perspectiva que quedará registrada.


Es imposible disociar el mundo real de la literatura. Todo lo que escribimos tiene un marco psicosocial proveniente de quien escribe. Somos uno con nuestro arte, incluso cuando creamos un mundo fantástico, o nos dirigimos hacia un lugar inexplorado y absolutamente ficticio. Nuestra impronta está grabada en cada palabra y símbolo construido.


¿Quién soy yo y por qué quiero escribir? Entiendo que sea una necesidad, que queramos hasta vivir de la venta de nuestros libros, que busquemos la perdurabilidad de nuestro nombre incluso cuando nuestra materia física ya no exista. Pero ninguna de esas es la respuesta sacral de nuestra escritura, entonces repito, ¿quién soy y, sobre todo, qué me conduce a escribir? ¿por qué lo hago? ¿qué busco?


Es pertinente incitar a la madurez de nuestro yo escritor haciéndose todas estas preguntas. El trabajo del escritor no es ligero, por el contrario, es denso. Involucra conocimiento, egos, teorías, críticas constructivas y destructivas, misiones que creemos que vinimos a cumplir. Sin embargo, hay más, hay mucho más por debajo de esas estructuras y respuestas conocidas.


Foto de Etienne Girardet en Unsplash